El jesuita pintor Bernardo Bitti

Durante el siglo XVI la pintura y la escultura, entre otras manifestaciones artísticas, tuvieron un papel primordial en la evangelización de las poblaciones americanas. Por ello, como en otras órdenes religiosas, la Compañía de Jesús tuvo artistas entre sus filas. Uno de ellos fue el pintor de origen italiano Bernardo Bitti, que llegó a Lima en 1576 enviado por la Orden en virtud de sus cualidades como artista. Bitti se estableció inicialmente en la capital pero con el tiempo desplegó su actividad en el sur del virreinato. Sus lienzos, que tomaban como punto de partida la iconografía ideada por la Compañía, narraban y recreaban el imaginario cristiano. Fue tal la influencia de este artista que su obra marcó un primer momento en el desarrollo del arte virreinal peruano. Hoy en día, piezas atribuidas a su autoría se conservan en las ciudades peruanas de Lima, Arequipa, Cusco, Puno y en Sucre, Bolivia.

La Virgen con Niño
Atribuido a Bernardo Bitti

Alrededor de 1600. Óleo sobre tela.
Cuzco Bernardo Bitti, artista jesuita, introdujo el arte de vanguardia italiano en el Perú en el último cuarto del siglo XVI. En esta obra el artista recoge un tema tradicional en el arte católico, el niño Jesús en brazos de María. Esta representación no enfatiza el aspecto divino de los personajes, sino el vínculo maternal entre la madre y su hijo. Con ello, la iglesia Católica buscaba difundir la fe católica de modo pedagógico y en sintonía con la piedad popular.

Santidad y símbolos jesuitas en el arte virreinal

La Compañía de Jesús vio cómo se elevaron a santidad a sus más ilustres miembros durante el siglo XVII. En 1622 fueron canonizados Francisco Javier y el fundador de la orden, Ignacio de Loyola, mientras que en 1671 sucedió lo propio con el tercer jesuita más importante, Francisco de Borja. La Compañía cobró gran importancia e influyó de distintas maneras en la sociedad y las artes. Una de las formas de hacerlo fue a partir de los escritos de su fundador, los que tenían por objetivo regular la vida espiritual de los miembros de la orden y de la comunidad cristiana laica. Debido a su aparición en diversas pinturas, una de sus frases más reconocidas es “Ad Maiorem Deus Gloriam” o “A la mayor gloria de Dios”.

La Virgen con Niño
Atribuido a Basilio Santa Cruz Pumacallao

Alrededor de 1600. Óleo sobre tela. Cuzco
Bernardo Bitti, artista jesuita, introdujo el arte de vanguardia italiano en el Perú en el último cuarto del siglo XVI. En esta obra el artista recoge un tema tradicional en el arte católico, el niño Jesús en brazos de María. Esta representación no enfatiza el aspecto divino de los personajes, sino el vínculo maternal entre la madre y su hijo. Con ello, la iglesia Católica buscaba difundir la fe católica de modo pedagógico y en sintonía con la piedad popular.

San Ignacio de Loyola

Anónimo

Siglo XVII. Tela y pasta de yeso policromada. Lima
En el contexto de crisis de la iglesia católica, Ignacio de Loyola decidió fundar una orden religiosa que aportara en la salvaguarda del cristianismo, teniendo como eje la labor educativa y evangelizadora de los pueblos cristianos y no cristianos. Esta idea fue influenciada por su antigua vida de soldado pues el mismo nombre que puso a su orden, Compañía de Jesús, hacía referencia a un cuerpo militar. El relieve retrata al santo con su habitual atributo IHS, letras iniciales del nombre de Jesús en griego como distintivo de la Compañía.

Matrimonios de Martín de Loyola con doña Beatriz ñusta, y de don Juan de Borja con Lorenza ñusta

Anónimo

Durante el siglo XVI, la mayoría de los matrimonios entre españoles y miembros de la nobleza inca tuvieron por finalidad la obtención de beneficios políticos y económicos. La presente obra muestra un enlace de este tipo, la boda de la princesa Inca con el capitán Martín García de Loyola, sobrino nieto de san Ignacio de Loyola, y de la hija mestiza de ambos con el nieto de san Francisco de Borja. Ambos enlaces unían simbólicamente a los jesuitas con la élite inca, reivindicando la posición privilegiada de ambos grupos en el orden colonial, situación que cambió a finales del siglo XVIII.

Expansión jesuita en América

Desde su llegada al Perú, la Compañía de Jesús se hizo cargo de las doctrinas indígenas con el fin de catequizar a la población nativa. Posteriormente, los jesuitas extendieron sus misiones a zonas de difícil acceso en el sur de América, donde adaptaron sus métodos de evangelización al contexto particular de cada región. Sin embargo, su continuidad en el territorio peruano tuvo un desenlace abrupto pues en 1767 Carlos III decretó su expulsión. Más allá de las motivaciones que tuvo el rey español, en el caso del Virreinato de Perú, el hecho significó el final de una etapa de pujanza formativa y económica que los jesuitas habían impulsado durante los dos siglos que permanecieron en este territorio.

Mates

Anónimo

Siglo XVIII, fines/ Siglo XIX. Calabaza y plata. Lima/Sur Andino

Los jesuitas extendieron sus misiones en el territorio americano, generando un impacto económico en algunas de sus zonas de acción. Por ejemplo, los jesuitas incentivaron el cultivo de la hierba mate en la cuenca del río Paraná, propia de la región. Para su preparación y consumo, en este territorio, se usó el fruto seco de la calabaza conocido en quechua como mate o mati. Al extenderse la costumbre, esta palabra pasó a nombrar no solo al contenedor, sino también a la bebida, conocida hoy como hierba mate.

Atril

Anónimo

Fines del siglo XVII. Plata repujada. Cuzco
Una de las manifestaciones más suntuosas del arte religioso virreinal fue la platería litúrgica. El atril de altar que se exhibe muestra diseños alusivos a la fauna y flora local, estilo que se relaciona con las manifestaciones artísticas procedentes de las zonas del Altiplano. En la zona central de la pieza se encuentra el símbolo jesuita IHS. Debajo de este monograma hay un corazón con tres clavos, que simboliza el sufrimiento de María por la crucifixión de su hijo Jesús.